¿Por qué nos cuesta cambiar?

“ Esta noche me acostaré antes”… “El lunes empiezo el gimnasio”…”Tengo que dejar de preocuparme tanto”…

Todos hemos hecho alguna de estas promesas. Y, sin embargo, muchas veces terminamos haciendo justo lo contrario. Lo curioso es que, en la mayoría de los casos, no nos falta información. Sabemos qué nos hace bien. Sabemos qué deberíamos hacer. Entonces, ¿por qué cambiar resulta tan difícil?

No es una cuestión de fuerza de voluntad

Cuando no conseguimos cambiar un hábito o una forma de actuar, solemos pensar que nos falta disciplina. Nos frustramos, nos culpamos y volvemos a intentarlo con más fuerza. Pero la realidad suele ser más compleja.

Nuestros comportamientos no aparecen por casualidad. Son el resultado de años de experiencias, aprendizajes y formas de adaptarnos a lo que hemos vivido. Muchos de ellos, aunque hoy ya no nos ayuden, en algún momento tuvieron una función. Por eso cambiar no consiste simplemente en decidir hacerlo. Consiste en aprender una manera diferente de responder a situaciones que nuestro cerebro ya conoce muy bien.

Lo conocido nos da una sensación de seguridad

Aunque parezca contradictorio, nuestro cerebro suele preferir lo conocido antes que lo nuevo. Incluso cuando lo conocido no nos hace sentir bien.

A veces seguimos posponiendo decisiones importantes, evitamos conversaciones que necesitamos tener o mantenemos hábitos que queremos dejar atrás. No porque no deseemos cambiar, sino porque cambiar implica incertidumbre. Y la incertidumbre, aunque forme parte de la vida, puede resultar incómoda. Es más fácil recorrer un camino que ya conocemos que abrir uno nuevo.

Quizá la pregunta no sea "¿Cómo cambio?"

Tal vez la primera pregunta sea otra: ¿Qué función cumple este comportamiento en mi vida?

Porque detrás de muchas conductas hay necesidades, miedos o intentos de protegernos que no siempre vemos a primera vista. Cuando dejamos de preguntarnos "¿Qué me pasa?" y empezamos a preguntarnos "¿Qué intenta decirme esto?", cambia nuestra forma de mirarnos. Y, muchas veces, ese cambio de mirada es el primer paso para que todo lo demás empiece a moverse.

Una reflexión para llevarte

Vivimos en una sociedad que nos invita constantemente a mejorar, a cambiar y a hacerlo cuanto antes. Pero quizá cambiar no empiece el día que decidimos hacer las cosas de otra manera. Quizá empiece el día que dejamos de juzgarnos y empezamos a comprendernos.

Porque es difícil construir un camino nuevo si antes no entendemos por qué seguimos caminando por el de siempre.

Pregunta para darle al coco 🥥

La próxima vez que quieras cambiar algo de ti, prueba a hacerte esta pregunta antes de juzgarte:

¿Qué necesidad está intentando cubrir este comportamiento, aunque hoy ya no me esté ayudando?

Puede que la respuesta no llegue de inmediato. Pero quizá ahí empiece el verdadero cambio.

Ruth, PSICOCO

Anterior
Anterior

Caminar potencia tu creatividad